martes, 30 de agosto de 2011

EDITORIAL: 20 años de la caída de la Unión Soviética

Un trabajo conjunto entre Godopunk y A la Diestra

Durante este mes de agosto se ha conmemorado, y en este caso celebrado, los 20 años del colapso de la Unión Soviética. A pesar de los intentos de Gorbachov por darle una “cara amable” al comunismo con sus políticas de la Glasnost y la Perestroika, y un referendo con un 70% de aprobación hacia este sistema político-económico; bastó un fallido golpe de estado y el afán independentista de varios países que fueron absorbidos alrededor de la Segunda Guerra mundial, para que todo el castillo de naipes colapsara.

Claro que decir que el comunismo colapsó sólo debido a las reformas gorbachovianas más la presión ejercida por los líderes occidentales de los 80, Margaret Thatcher y Ronald Reagan, y el desmoronamiento del Pacto de Varsovia es una simplificación bastante burda. Se debe tener en cuenta que se trató de un proceso lento que inició desde la misma revolución del Octubre Rojo. Las predicciones de Karl Marx estaban pensadas para un país industrializado, y no para un país agrario como era la Rusia zarista de principios de siglo XX. Es por ello que Lenin en sus afanes revolucionarios lo primero que hizo fue una reforma agraria a cual calmó los ánimos mas no evidenció progreso alguno, y la URSS se quedó en la dictadura del proletariado (más lo primero que lo segundo) que auguró el profesor mantenido.

Acto seguido fue la industrialización desde arriba impuesta por Stalin, en la cual el comunismo mostró la cara del igualitarismo acérrimo cobrándose millones de vidas en el proceso. Aunque de forma más taimada, la represión siguió dentro de la URSS bajo los subsecuentes gobiernos de Krushov, Brezhnev, Andropov y Chernenko, donde otro factor fue el encierro casi claustrofóbico de este país que intentaba hacer funcionar un modelo utópico que sólo producía atraso y fracaso, y cuyo ejemplo siguen vehementemente aún hoy en días ciertos países que no hacen sino confirmar estas afirmaciones. Por eso no es de sorprenderse que al darse la Glasnost, o transparencia, las muestras de descontento fueran ensordecedoras y eventualmente llevaran a que aparecieran 15 nuevos países en los mapamundis, proceso que si bien se conmemora en agosto, llevó alrededor de dos años de concreción.

Ahora la pregunta que debe hacerse es ¿qué ha pasado con esos 15 nuevos países estos últimos 20 años? Las respuestas son tan variadas como los mismos países en cuestión, y han sido motivo de interés por parte de los científicos sociales de toda índole, al darse la oportunidad de tener ante sus ojos una especie de “laboratorio” en formación de estados. Porque así como se ven estados como los bálticos que abrazaron con los brazos abiertos el modelo occidental, y además logrando buenos resultados con ello y llegando a prohibir los viejos símbolos comunistas, también están los estados de Asia Central cuyo tribalismo los mantiene aún con un pie en la modernidad y otro en eras pasadas, y son manejados por viejos aparatchiks de la antigua KGB, la violencia que siente día a día en el Cáucaso, o los estados eslavos que mantienen la debacle histórica de esa etnia, y tienen los dudosos honores de contar con la última dictadura europea y el país más pobre de ese continente.

Ante eso cabe mencionar que se tratan de muchos procesos como para compilarlos todos en una sola editorial, pero detrás del triunfalismo que viene desde hace 20 años y va en franco declive no dejo de recordar la aseveración de uno de los primeros internacionalistas, George F. Kennan, en que Rusia siempre ha tenido un proyecto expansionista y lo único que hizo el comunismo fue agravar tal proyecto. Si bien Rusia quedó debilitada por el desmembramiento de la URSS y las precipitadas privatizaciones que llevaron a que las mafias controlaran de frente la economía, y además de seguir la corriente actual que desdeña las ideologías, eso no quiere decir que Rusia no siga con una agenda propia.

Rusia ha sido siempre un enigma para aquellos que han querido estudiarla desde afuera, especialmente porque ella misma no tiene claro si es parte de Europa, o de Asia, o tiene un destino manifiesto como potencia euroasiática. Pero una vez estabilizado el bote con Putin, donde se le califica a su sistema político como una democracia iliberal al haber logrado negociar con su gente el dejarlos en paz en lo personal mientras ésta le cede su libertad política, es claro que Rusia le apunta a esta tercera tendencia. En primer lugar, porque en su estilo particular de “caja negra” (donde sólo se ve que entra y que sale) ha logrado ocultar el que el periodo del colonialismo no ha finalizado como muchos creerían, la vasta extensión de su territorio se debe a conquistas de siglos anteriores, y de ahí conflictos como el de Chechenia.

En segundo lugar, tanto en el campo militar como diplomático Rusia sigue en miras de establecer su zona de influencia. Por un lado, están las incursiones en el Cáucaso, donde procura controlar los conflictos en antiguas repúblicas soviéticas como Georgia, demostrando una especia de Doctrina Monroe a la rusa. Por otro lado, cada vez son más los intentos de Putin por crear una organización supraestatal por el estilo de la Unión Europea, precisamente con varios de los estados que antes conformaban la URSS. Así mismo, dada la dependencia económica de hacia Rusia de varios de estos países, es probable que si bien no se dé una unión como la del siglo pasado, sí es probable que se dé un acercamiento desde la economía. Y tampoco se debe olvidar ya el reclamo por el ártico que adelantan los rusos.

Por lo tanto, pueda que ideológicamente la batalla se haya ganado, y celebramos el hecho que finalmente el mundo se diera cuenta de lo nocivos que son los extremos ideológicos, aunque haya tardado más 70 años en caerse y lastimosamente se cobraran tantas víctimas, no significa que no haya proyectos distintos al occidental, la Unión Soviética bien puede ya no existir formalmente, pero ciertas aspectos de su personalidad  siguen su trascurso histórico y la historia no ha llegado a aún a su fin.
(Bastardo Realista)

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