lunes, 8 de agosto de 2011

"A calzón quitao"

Godopunk: Otra versión de la derecha
Queridos lectores de A la Diestra, no crean que nos olvidamos de ustedes, comprenderán que el regreso de vacaciones puede ser algo convulso sobre todo si se tiene en cuenta que varios de nosotros arrancamos proyectos nuevos en nuestras vidas. Pero ya dichas las excusas es hora de volver a entrar en materia, además empezando porque la historia nos enfrenta a un reto bastante grande. Antes de proseguir con la tesis de esta editorial debo aclararles que hablo en calidad de ser el “niño diferente” de este espacio, empezando porque soy protestante (y uno no muy religioso), mis vínculos con la derecha obedecen más a principios liberal-conservadores (yo soy el republicano neo-liberal del encabezado), no tengo filiaciones familiares con el partido azul (de hecho formalmente ando distanciado), y en mi estilo personal no es lo que se esperaría de un conservador.

Sin embargo, creo que hay ciertos valores comunes que hacen que a pesar de las diferencias de forma, podamos mantener ciertas similitudes en el fondo que facilitan el que trabajemos por un mismo objetivo. Cualquiera que haga un estudio sobre la derecha -cosa no del todo sencilla teniendo en cuenta que la misma academia suele decir que la izquierda es más “sexy”- se dará cuenta que a diferencia de las grandes corrientes políticas no hay un discurso unificador universal dentro del conservadurismo, básicamente éste responde a las características, instituciones y tradiciones propias del país donde se encuentre. Es por ello que es apenas obvio que el conservadurismo colombiano sea católico y guardián de la herencia hispánica (seamos honestos, son pocos en este país los que pueden decir que en realidad tienen tradiciones indígenas).

Pero a pesar de esa diferenciación, es importante aclarar que sí existen aspectos comunes entre las distintas corrientes conservadoras en el mundo. Una que considero principal y fundamental es el hecho que se presenta una alta renuencia a los grandes discursos ideológicos, y en consecuencia, a los impulsos revolucionarios. Incluso el respeto a las tradiciones significa no caer en “tradicionalismo”, al ser éste también una corriente ideológica que puede llevar también a revoluciones y a posiciones inamovibles. Más bien se apela a la tradición como guardiana de la prudencia y la sabiduría que heredamos de nuestra historia, y por ello no es descabellado que en la parla común una actitud conservadora sea sinónima con un ánimo pausado pero decidido (recordemos el talante).

Precisamente esto es algo que encuentro “sexy” de la derecha, porque el uso de la razón no se limita a hacer grandes planes numéricos que en teoría van a hacer feliz a todo el mundo de buenas a primeras. Un conservador suele ser consciente de que los humanos somos a la vez razón y pasión, y que sucumbir a alguna de las dos ha sido la causa de grandes desgracias, porque sumados a esas dos partes los humanos somos también falibles. Por eso la prudencia, la paciencia y la “cabeza fría” son valores compartidos por las corrientes conservadoras de todo el mundo. La mentalidad de que los cambios son posibles pero no se les debe pisar el acelerador, todo tiene que ir a su debido tiempo.

Con todo esto dicho, tal vez comprenderán porque estoy bastante decepcionado con la labor del partido azul en estos últimos años, como también digo que nos enfrentamos a un momento clave. Las cinco proposiciones de Juan Manuel Corzo más parecen las ideas recalentadas de un “ingeniero social” que de realmente alguien que respete nuestras instituciones. Porque independientemente de que la Constitución Política actual sea de nuestro agrado o no, tenemos ya una larga tradición republicana en cuanto a la limitación de los poderes, y el subvertirla a las malas va en contravía contra cualesquiera principios. De hecho, hablar de conspiraciones de la izquierda y que todo está siendo manipulado, no nos diferencia en mayor medida de aquellos conspiracionistas que ven cualquier video en youtube, y creen que todo lo controla la CIA o algún grupo aún más secreto. Ese tipo de obsesiones responden más a un excesivo pasionalismo, y si bien es admitido que ahora las cosas no parecen ir bien, el peor consejo es caer en el desespero.

Por eso vuelve este espacio luego de unas breves vacaciones. Es hora de que todos aquellos que nos identificamos con el espectro derecho de la política discutamos, polemicemos, y veamos qué podemos hacer para recuperar el espacio que nos merecemos y nos ha sido arrebatado por unos cuantos caciques. Eso sí, todo dentro del marco del respeto y aquello que nos caracteriza como conservadores. Es agradable volver a escribir para ustedes.

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