jueves, 6 de febrero de 2014

Contra la Pared

John Mario Gonzalez: Analista político 
quien escribe para Semana On-Line y El Tiempo.

Santos tiene que dejar la sobradez y desautorizar a sus aliados conservadores de descalificar la candidatura de Marta Lucía Ramírez, pues los retos de gobernabilidad son enormes.

Si bien el freno y desplome de Oscar Iván Zuluaga le recuerda al uribismo la dispar contienda de una reelección, y lo pone en las justas proporciones de la negativa campaña que lo precedió, el presidente Santos no puede practicar el matoneo contra sus opositores ni pretender que el control de los aparatos partidistas le será suficiente para un segundo mandato.

De por sí, una de las nocivas consecuencias de la figura de la reelección es que ha desaparecido la tradicional competitividad de las justas presidenciales en Colombia. El hecho se agrava si para la campaña Santos la única opción es que los partidos se plieguen a la reelección o, de lo contrario, se los toma a través de la operación boletos de avión para sus convencionistas o acallamiento de los disidentes.

Tampoco es un buen mensaje suponer que el único modo de continuar las negociaciones de paz de La Habana es con la reelección del presidente. O que valiéndose de la paz el Gobierno hubiera soslayado los procedimientos al darle carpetazo a un referendo, por ahora aplazado, que requiere que sus preguntas sean aprobadas una por una por el Congreso.

Aunque es cierto que hay partidarios de continuar la guerra, la histórica intención del 30,5 por ciento del voto en blanco, sumado al 14,1 por ciento de los indecisos, demuestra que la gran mayoría de los colombianos si bien quiere la paz se resistirá a ser cooptada por eslóganes simplistas.

La ausencia de robustos contendores ha llevado a la campaña reeleccionista al cálculo estratégico y erróneo de presumir que el mero forzamiento de las circunstancias entregará el triunfo en bandeja a Santos.

Pero esa es una apuesta arriesgada, pues a pesar de que la reelección es el escenario más factible, una opinión pública contra la pared y un presidente con varios talones de Aquiles pueden en el corto plazo traerle sorpresas a su campaña, y en el mediano crearle un escenario con grandes dificultades de gobernabilidad.

Si el presidente Santos cayó en septiembre pasado al 21 por ciento en su imagen favorable, y con dificultad supera el 25 por ciento de preferencias, no solo tiene el camino aún incierto para revalidar su mandato, sino que su mayoría en un segundo periodo será volátil.

Pero el presidente tiene varios otros grandes desafíos que con seguridad le complicarán la gobernabilidad. Uno de ellos es que el escenario económico para los países emergentes se deteriora con gran rapidez, lo que afectará los flujos de inversión extranjera y dificultará el financiamiento del déficit de cuenta corriente, un escenario que además puede complicarse de continuar el rezago industrial nacional, el declive del precio de las materia primas, con sus efectos sobre las tasas de interés o el mercado inmobiliario.

El mismo postconflicto, de llegarse a firmar la paz, tiene poca zanahoria. En lo fundamental son unas circunscripciones de paz o representación política a los desmovilizados. Lo demás es la repetición de las buenas intenciones de la Constitución de 1991, de pasar de una democracia representativa a una participativa. Lo esencial será reducir los niveles de violencia a lo cual el país se resiste con tozudez.

Mientras que México tuvo tasas de homicidios de 22 por cada 100 mil habitantes en el punto más alto de la violencia en el año 2012, ya que el año pasado los redujo, Colombia no logra descender de 30 o 32 homicidios por cada 100 mil habitantes, el 90 por ciento de los cuales no están directamente relacionados con el conflicto armado.

Y por si los retos fueran pocos, habrá unos agricultores más ansiosos, ciudadanos menos tolerantes con los carruseles de la muerte del sistema de salud y con la falta de infraestructura.

Así, antes que confiarse del control de los aparatos partidistas, el presidente Santos debe hacer una apuesta de comunicación de largo plazo, de real persuasión de los ciudadanos escépticos, y para comenzar debería desautorizar a sus aliados conservadores de querérsele atravesar a la candidatura de Marta Lucía Ramírez.


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sábado, 1 de febrero de 2014

De varios colores

Por: Godopunk

No voy a hacer mayor alusión al pasado encuentro del Partido Conservador, al no haber participado de éste, pero sí me alegra que se haya decidido por una candidatura propia, porque aunque no gane las elecciones vuelve a mostrarse como una opción para el poder. El que la candidata sea Marta Lucía Ramírez para mí es un plus, ya sé por quién votar así sea por afinidades personales que por otra cosa. Además, prosiguiendo con las posiciones personales, me alegra enormemente y dibuja una sonrisa en mi cara el que hayan rechiflado a un viejo dinosaurio como el “honorabilísimo” senador Gerlein, finalmente su propio partido se manifiesta contra su investidura vitalicia que poco ha aportado a la sociedad.

Dejando a un lado esta pequeña rabieta personal, la candidatura propia del partido azul pone de manifiesto una de las tantas situaciones que no se contemplaron al admitir la reelección presidencial: ¿qué pasa con las otras fuerzas políticas? Observando regímenes donde se da esta posibilidad electoral, es de notar que normalmente la persona o el partido en el poder lleva las de ganar en la contienda por los votos, por más que existan y se cumplan las normas que regulan la campaña del mandatario en ejercicio. En los casos bipartidistas la respuesta es sencilla, el partido que pierde pasa a la oposición y se prepara para la próxima contienda electoral. Con los multipartidismos los casos que se me ocurren suelen ser también sistemas parlamentarios, donde el armar una coalición es una norma implícita, y en cierto modo quedan nuevamente las fuerzas repartidas en gobierno y oposición.


Pero como nuestro país es una deliciosa anomalía, digna del mejor estudio en teratología política, la situación se torna nebulosa. Nominalmente tenemos un sistema multipartidista, pero siguiendo nuestra línea histórica tenemos un bipartidismo de facto, donde la izquierda más socialista aún puja por ser una tercera opción más fuerte. De hecho, hace cuatro años toda nuestra gran “variedad política” se metió en el mismo costal del Presidente Santos, subrayando una vez más la noción de que todo es lo mismo pero de otro color en la banderita y no más; limitándose la oposición al Polo Democrático, y el Partido Verde ubicándose en un limbo autoimpuesto que nunca supieron explicar.

Actualmente, tenemos un presidente en el poder con la posibilidad de ser reelecto en los próximos comicios, oponiéndose varias fuerzas políticas a tal posibilidad. Pero ello no significa que dichas fuerzas se coalicionen ante una posible victoria del presidente en ejercicio, por lo menos teóricamente ¿Unirán fuerzas el Polo socialista y el Puro Centro uribista de no ganar las elecciones presidenciales? ¿Tendremos ya no una, sino dos o tres oposiciones distintas? ¿O más bien quedaremos nuevamente con partidos con curules en el limbo? (Hasta divertido suena, si me lo preguntan). Honestamente, espero que alguien me aclare estas dudas, pero mi apuesta va a que, exceptuando los partidos más hacia la izquierda, muy habituados a ser oposición, nuevamente todos caigan en el costal del presidente (sea Santos u otro/a quien gane).

De todos modos, reitero que encuentro positivo el que se presenten nuevas opciones y haya un intento de diferenciación, y que además el Partido Conservador sea parte de ese esfuerzo. Claro, en estas épocas donde hemos caído en un fervor ideológico que a la hora del té no es más que un bochinche panfletario a diestra y siniestra, la cosa se puede poner insufrible teniendo un montón de “salvadores” que creen que negociar es necesariamente sinónimo de debilidad. Pero se supone que algo básico en una democracia es que los ciudadanos tengamos de donde escoger, para así elegir lo más cercano a nuestras preferencias, entonces nuevamente celebro lo sucedido hace una semana. Eso sí, en un extraño atisbo de optimismo, espero que algún día esa variedad esté dada por distintos programas, y no por distintas personas.


Suerte en las elecciones.

lunes, 13 de enero de 2014

EDITORIAL: PARTIDO CONSERVADOR: ENTRE LA MERMELADA Y LA IDENTIDAD



El próximo 26 de Enero el Partido Conservador Colombiano definirá en su convención su destino político inmediato, representantes partidistas que provendrán de todo el país decidirán entre algunos otros temas si participan en las próximas presidenciales con candidato propio o deciden apoyar la reelección de Juan Manuel Santos. Los conservadores debatirán si acuden a la apuesta de impulsar con voz propia su marco programático o reafirman un carácter gobiernista que les permita algunas posiciones claves en el gobierno en caso de ganar el candidato-presidente.

La convención conservadora anticipa no ser muy pacífica, un sector liderado por el senador barranquillero Efraín Cepeda, que es secundado por un mayoritario grupo de parlamentarios muestran abiertas simpatías en apoyar la candidatura de Juan Manuel Santos, tanto es así que este sector del Partido Conservador intentó en reiteradas ocasiones evitar la realización de la convención partidista y han señalado su respaldo al actual presidente de la República ante la opinión pública. En el otro lado del escenario están quienes claman por una candidatura única, quienes optan por reivindicar una identidad del Partido Conservador con su marco programático frente al electorado colombiano, este sector es liderado por la ex ministra de defensa Martha Lucia Ramírez, quien es respaldada en esta cruzada por personalidades de la política nacional como Carlos Holguín Sardi, Ángela Ospina y el senador caucano José Darío Salazar, quienes han señalado que el apoyo de muchos congresistas a la candidatura santista está determinada por la burocracia que han recibido en el gobierno, así como la generosidad gubernamental en los llamados cupos indicativos asociados estos a los antiguos auxilios parlamentarios.

Todo parece indicar que la tesis que imperará en la convención será el del apoyo a la candidatura de Juan Manuel Santos y el rechazo a una candidatura única del conservatismo, aún en contra de un generalizado querer de la estructura de base del partido conservador que ha manifestado su interés en respaldar una candidatura que emerja de las toldas azules. Los compromisos de muchos congresistas que se han beneficiado de cuotas burocráticas o “mermelada” como se bautiza en el actual argot político, hace prever que la maquinaria de importantes barones electorales de esta colectividad se impondrá, sepultando así por cuatro años mas cualquier aspiración conservadora por llegar a la máxima magistratura del Estado colombiano.


Desde esta tribuna no podemos más que lamentar el presente de un partido que se supone debe recoger altísimos valores del humanismo como el respeto a la vida, el orden como premisa para garantizar las libertades, la propiedad privada y la primacía del Estado de Derecho; nos unimos al rechazo de muchas voces que han denunciado la mezquindad de muchos parlamentarios, quienes han ofertado al conservatismo para garantizarse cargos y prebendas personales, omitiendo con un desprecio absoluto el futuro de su partido. Hacemos sinceros votos para que esta lección de vergüenza histórica que será la convención conservadora no sea olvidada por esa generación que en pocos años tendrá el deber de asumir este partido, que en la memoria de cientos de jóvenes no se borre este hito de genuflexión programática e inicien un proceso de reforma partidista muy distanciados de esas figuras que han ofertado a la colectividad.

viernes, 10 de enero de 2014

EL FIN DE PODER

El economista y periodista Venezolano Moises Naim presenta su nuevo libro “ El Fin del Poder”, texto de análisis sobre los cambios en las relaciones del poder.

El poder hoy no es como lo era antes, de ello dan fe diversos actores de la política, la economía, el periodismo, la religión e incluso de la filantropía, que han visto como los limites de quienes ostentan el poder son más difusos y sus barreras de acceso cada vez mas penetrables. Con esta tesis el líder de opinión hispanoamericano, Moises Naim, presenta su último libro “el fin del poder”, obra que promete interesantes debates en los círculos intelectuales y políticos del mundo.

Naim, reconocido como uno de los más influyentes líderes de opinión según distintos medios y quien fuera hasta el 2010 editor en jefe de la revista “Foreign Policy, expone en esta audaz obra de análisis como lo que él ha denominado las revoluciones del mas, de la movilidad y de la mentalidad en las últimas generaciones ha generado un cambio en las relaciones de poder, haciéndolo mucho más asequible a distintos actores de los cuales antes no se tenían por influyentes. Las ONGs en sus determinados temas han desplazado la influencia de los partidos políticos y grandes instituciones de filantropía; la proliferación de iglesias evangelistas y carismáticas que ganan adeptos entre antiguos nichos del luteranismo, el calvinismo o anglicanismo; blogs y comentaristas de redes sociales que amenazan a los tradicionales y otrora intocables periódicos en distintos países, son solo algunos de los nuevos fenómenos de micro poderes que enfrentan a lo que clásicamente se veía en la cúspide y que el autor con inteligencia expone en las cerca de 400 páginas de la obra.

Para quien extienda su análisis del poder mas allá de las fronteras de las clásicas obras de teoría política, este libro le ofrece dimensiones pragmáticas al lector, con hechos contemporáneos que demuestran como hoy es fácil llegar al poder, difícil administrarlo y aún más fácil perderlo. Libro recomendado para este inicio de año.

martes, 7 de enero de 2014

2014 - No Futuro

Por: Godopunk

Mientras aún salimos de la resaca producida por las fiestas de cambio de año, los habitantes de Bogotá D.C. nos enfrentamos a uno de los años más inciertos en mucho tiempo. Como toda incertidumbre, existen muchas aristas y planos para analizar la debacle, yendo desde lo jurídico-legal hasta los pasionalismos que han marcado la opinión política en los países híbridos y democráticos durante los últimos años. En mi caso, prefiero tener una mirada macroscópica de todo el asunto.

El quid del asunto es éste: Bogotá ha demostrado ser una ciudad que cayó en la ingobernabilidad, y cada vez más se asemeja a las ciudades distópicas retratadas en varias obras de la ficción y las caricaturas. El pasado 9 de diciembre el Procurador Ordoñez sancionó al burgomaestre capitalino Gustavo Petro, removiéndolo de su cargo, para decirlo sin tanto adorno, sanción que ha sido considerada desmedida por muchos, y ha llevado a revisar cuanto libro sobre derecho constitucional para saber si la figura del Procurador está extralimitada, además del tufillo persistente de vendetta política. Por su parte, el Alcalde Petro ha aprovechado semejante oportunidad para avanzar su discurso populista apoyado por sus miles de fanáticos, demostrando que se ve a sí mismo como el líder de una nación y no como el administrador de una ciudad.

De remate, y esto es algo que me ha causado mucha gracia, paralelamente también pasó la propuesta para la revocatoria del alcalde, y nadie ha sabido decir qué pasaría con ésta si la sanción de la procuraduría se cumple antes de darse esa consulta popular, y lo más que llegan a decir es que será decisión del Presidente. Es decir: no tienen ni PUTA idea.

Claro, hasta aquí no he dicho nada que mis lectores medianamente enterados no sepan, pero tengan en cuenta algo que los medios no mencionan, y los paladines defensores del Alcalde y el Procurador abruman en la niebla de sus peroratas, y es que este es tan solo otro episodio de la anomia capitalina. Recuerden que el alcalde anterior salió por la puerta de atrás, y tuvimos un periodo de interinidad donde Clara López hizo lo más por dejar bien parado a su partido político. Sin embargo, siguen las obras a medio hacer, la situación de la movilidad llega a los niveles del desespero, y las medidas del actual alcalde no dejan de recordar aquel proverbio chino que reza, de buenas intenciones está pavimentado el camino al infierno.

Y ya que ando de dicharachero, ¿recuerdan aquel que dice cuando el gato no está los ratones arman fiesta? Pues es ese precisamente mi punto, luego de tener alcaldías interrumpidas e insatisfactorias, y no tener certidumbre alguna de qué va a pasar en ese cargo (¿elecciones? ¿lo elige el presidente? ¿sale de las filas del partido a cargo?), no nos sorprendamos en que las cosas tomen una escalada y el futuro se vea negro. Tal vez ni siquiera se disparen los indicadores reales de inseguridad, pero es muy probable que los indicadores de percepción sí lo hagan, demostrando la necesidad que tienen las colectividades humanas de saber que hay alguien a cargo (así sea para adjudicarle la responsabilidad de sus desgracias personales). De igual manera, queda el riesgo de que al no sentir que hay alguien que pone orden y administra, los elementos criminales de la ciudad bien podrían sentir que se pueden salir más fácilmente con la suya. No se les haga raro que se dé una fractura grave en la autoridad bogotana, y ahora distintos grupos la reclamen para sí mismos, haciendo que la competencia sea cualquier cosa menos sana.

De darse nuevamente elecciones para alcalde mi decisión es clara: no pienso votar. Todos los posibles candidatos parecen más entusiasmados en avanzar agendas ideológicas, y/o darse un baño de popularidad para catapultar una candidatura a la presidencia -el mal bogotano desde 1988-, en vez de simplemente remangarse la camisa para ponerse a tapar huecos (en sentido literal y figurado) que es lo que esta ciudad realmente necesita. En efecto, esa dislocación entre las expectativas de los candidatos y las de los ciudadanos es un ejemplo de libro de esa sensación de falta de normas, o anomia, que mencioné anteriormente. Pueda que me equivoque, y todo esto sea la antesala a una mejoría, y yo sé que varios de ustedes así lo desean (¿quizás yo?), pero es difícil generar un escenario optimista cuando los ánimos están caldeados.


Feliz Año 2014.

domingo, 24 de noviembre de 2013

EDITORIAL: Crisis española, una oportunidad para Colombia.


España ha salido “técnicamente de la crisis”, así lo señalaba Felipe de Borbón príncipe heredero de la corona española en su reciente visita al estado de la Florida en Estados Unidos. Ahora los españoles se encuentran en recesión, todo indica que las políticas anti-cíclicas lideradas por el gobierno del presidente Mariano Rajoy han evitado un colapso mayor en este país peninsular cuyo destino siempre estará ligado al nuestro.

No se puede gritar victoria frente a las realidades económicas en España, la tasa de paro es alta, la actividad empresarial aún se encuentra en un estado sombrío, y él desazón de las nuevas generaciones por su futuro es evidente. Colombia en este escenario debe hacer una astuta apuesta y beneficiarse positivamente de la actual situación económica del país ibérico, hay un  alto número de jóvenes españoles, sin trabajo en su país y muy bien cualificados, cuyo aporte a muchos procesos institucionales de las empresas y principalmente del sector educativo puede ser fundamental.

Se espera según proyecciones de la OCDE que España en 2014 solo crezca un 0.5%, lo cual bajaría un punto porcentual la tasa de paro que se aproxima al 26.8% de la población, equivalente en el mes de septiembre a 4.724.355 personas según datos del periódico madrileño “El País”. La situación crítica que vive España debe llegar a ser una gran oportunidad para Colombia, en esta línea ya se ha movido Ecuador, donde en 2012 han llegado 150 profesionales españoles que “abrirán líneas de investigación que no existen las universidades ecuatorianas y formarán a los docentes haciendo lo que se ha bautizado como una ‘reingeniería de las carreras”, según lo indico Pablo Ulloa, coordinador de las Universidades Ecuatorianas ante las Universidades Europeas al portal español Universia. Ecuador actualmente realiza la reforma de su sistema de educación superior y espera generar muy prontamente un número de carreras cuya titulación sea aceptada internacionalmente.

Colombia no puede distanciarse de esta visión sobre su educación, según datos del Ministerio de Relaciones Exteriores, semanalmente llegan aproximadamente 12 españoles con visado temporal de trabajo, muchos de ellos menores de 30 años que fácilmente tienen en su hoja de vida  tres idiomas, pregrado universitario y dos postgrados en universidades españolas y/o europeas de nivel alto. Todos ellos buscando oportunidades que no encuentran en su país de origen, como es el caso de Santiago, un joven abogado y politólogo de 29 años, con magister en estudios europeos que habla español, catalán, polaco e inglés y se encuentra desde hace unos cuantos meses en Colombia con grandes dosis de fe en su equipaje. Este mismo análisis de oportunidad merece extenderse a griegos, portugueses, irlandeses e italianos, cuyas economías afrontan las mismas angustias que la española.

No quiero señalar un escenario donde nuestra planta docente o directiva deba ser reemplazada por profesionales extranjeros, en Colombia cada día aumenta la oferta de personas con excelente cualificación y algunas de  nuestras universidades hacen parte del selecto grupo de las 300 mejores del mundo. Pero sí pretendo llamar la atención sobre la necesidad de incluir en el personal docente o de investigación de nuestras universidades a italianos, griegos, irlandeses, portugueses y españoles que como Santiago pueden aportar visiones educativas que ayuden a impulsar tanto la internacionalización de nuestras universidades como el crecimiento de sus niveles competitivos.


El beneficio sería mayúsculo, nuestros alumnos tendrían una visión más cosmopolita de las realidades; los profesores locales sentirían la necesidad de cada día innovar en sus métodos derivado ello del ejercicio comparativo; aumentarían las relaciones interinstitucionales en los planes estudios, incluso se generarían alianzas con las universidades (17 universidades españolas están dentro del ranking de las 500 mejores del mundo) donde sus potenciales colegas estudiaron, en suma, nuestra educación podría verse beneficiada con la incorporación de extranjeros en sus plantas de personal y con ello fortalecer a nuestros centros universitarios como base del desarrollo económico, social y cultural de Colombia.

martes, 22 de octubre de 2013

La Selectiva Memoria Histórica

Por: Jonathan Ballesteros

Jonathan Ballesteros

En tiempos modernos, muchos sectores de la academia y la política nacional no han dudado en proponer que debe realizarse esfuerzos por no olvidar los trágicos hechos que han rodeado la historia de violencia del país; bajo la denominación de “Memoria Histórica”, atribuible al historiador francés Pierre Nora, la institucionalidad colombiana adoptó este concepto con la motivación de “contribuir a la realización de la reparación integral y el derecho a la verdad del que son titulares las víctimas y la sociedad en su conjunto así como al deber de memoria del Estado con ocasión de las violaciones ocurridas en el marco del conflicto armado colombiano, en un horizonte de construcción de paz, democratización y reconciliación”. El plausible esfuerzo de registrar nuestra historia de sangre, condujo a la creación del Centro de Memoria Histórica como establecimiento público adscrito al Departamento para la Prosperidad Social.

La necesidad por no olvidar los actos de barbarie que en Colombia se han cometido en tantísimos años de una violencia evolutiva, con variedad increíble de formas y manifestaciones, no puede convertirse en una acción parcializada, generadora de graves omisiones e incluso patrocinadora desde una única visión de los terribles acontecimientos que se han vivido en nuestros campos y ciudades. Señalo lo anterior, debido a una preocupante arbitrariedad en la escogencia sobre qué es aquello que no debe olvidarse y que debe ir al rincón lúgubre de la amnesia colectiva.

Parece ser que en Colombia las víctimas que tienen dolientes institucionales y en la autoproclamada sociedad civil, son aquellas que son producto de las acciones sádicas de algunos agentes del Estado y de las acciones de los grupos de autodefensa o paramilitarismo, las actuaciones de estos victimarios impulsan a la movilización de entidades como el Centro de Memoria Histórica, ONGs, Fundaciones, académicos claramente alineados en la izquierda y líderes políticos como Iván Cepeda a manifestarse vehementemente. Pero debe decirse con certeza que es lamentable observar la inacción del Centro de Memoria Histórica, de esas mismas fundaciones, ONGs, académicos y líderes políticos cuando las atrocidades tienen el nombre de EPL, ELN, FARC o incluso el M-19.

Pueden hacerme un juicio en estas líneas por severo, por no decir que una que otra vez las personas, grupo de ciudadanos e institución señalada en el párrafo superior se han manifestado en contra de las acciones despiadadas de las organizaciones criminales como el EPL, ELN, FARC y un su momento el M-19, pero no podrán negar que si lo hacen, son manifestaciones tibias, cuidando un lenguaje encaminado a ser políticamente correctos, minimizando hasta el extremo el oscuro prontuario criminal de estos despiadados asesinos, ellos quienes son voceros de la “verdad y la memoria histórica de la violencia” prefieren la comodidad del silencio para no transgredir las sensibles fibras de sus círculos ideológicos. No miento, los informes que desde el 2008 realiza anualmente el Centro de Memoria Histórica y que pueden ser consultados en su portal web, dan cuenta de investigaciones que han sido hechas única y exclusivamente para condenar las acciones estatales y paramilitares, de las acciones de las guerrillas abunda el silencio y la ausencia de tinta.

En Colombia hay muertos de primera y segunda categoría, eso depende de quién es el victimario y la corriente política que pregonen en sus actuaciones. Si se es víctima de las acciones ilegales del Estado existe el derecho de tener un amplio colectivo de voceros tanto en Colombia como por fuera de nuestras fronteras; sí las lagrimas que se derraman en una familia tienen como causa la horrenda mano paramilitar, el olvido no es una opción. Suerte distinta corren las víctimas de las guerrillas, ellos no verán por parte del Estado en las condiciones actuales, un libro de origen institucional donde se narren sus padecimientos, como los secuestros de sus hijos, esposos y padres; estas víctimas no verán en un museo las replicas de las alambradas que en la selva del sur del país condenaron al agobio sus vidas, ni leerán de los pseudo-académicos ningún virulento rechazo a las acciones de muerte que se realizan en nombre de la “revolución”.


La memoria histórica, como buitre, se posa en una sola de las ramas del árbol, mientras indiferente sólo observa cuerpos sin vida que serán polvo, únicamente polvo.